Abril 2014: Arroyo Pedroche

Salida dedicada a conocer las orquídeas silvestres de nuestro entorno.


Tras salir del punto de reunión (cocheras de Aucorsa en el Polígono de Pedroches) a la hora convenida (10 A.M.), cruzamos la carretera por el acceso hasta el Club Asland y nos detenemos junto al puente sobre el Arroyo de Pedroche de la antigua carretera del Muriano, al lado del panel de señalización del sendero municipal. En este punto, en las cunetas podemos observar una serie de plantas ruderales y arvenses muy comunes y abundantes que nos están indicando la nitrificación y alteración del terreno. 
Ophrys lutea
Es el caso de la maravilla silvestre (Calendula arvensis), probablemente la planta en flor más abundante en todo el entorno del Club Asland y camino de bajada y acceso hasta el arroyo. Aunque ya no están en su momento álgido de la floración, sus capítulos con flores de dos tipos ambos de color amarillo anaranjado, sus tres tipos de frutos y el fuerte olor que desprende la planta no nos resultan indiferentes. Otras plantas ruderales y arvenses que pudimos observar allí son otra compuesta, con capítulos rosados grandes, parecidos a los de los cardos pero con hojas no espinosas (Centaurea pullata), varias gramíneas, como es el caso de la cebadilla (Hordeum leporinum), la avena loca (Avena barbata) y el bromo (Bromus matritensis), varias especies de geraniáceas con frutos alargados (de ahí el nombre vulgar de alfilerillos de pastor o relojitos) pertenecientes al género Erodium (E. moschatum, la almizclera, y E. malacoides, la cigüeña malva), crucíferas de los géneros Diplotaxis (jaramagos) e Hirschfeldia (H. incana), una borraginácea, Echium plantagineum, con flores azuladas que ofrecen néctar (los niños las chupan y por eso reciben el nombre de “chupamieles”, además del de “viborera”) y una prima hermana de las collejas, de ciclo anual y flores rosadas, Silene colorata, entre otras.
Tras la cinta...
A ambos lados del camino que bordea la valla del Club Asland, ya en la parte superior de la ladera del valle del Arroyo de Pedroche (de los Pedroches o simplemente Pedroches, como es generalmente conocido), seguimos observando la mayoría de las especies antes indicadas, pero nos llama la atención la abundancia puntual de otras, como es el caso del llantén (Plantago lagopus), de una compuesta con capítulos formados sólo por flores en forma de lengüeta y hojas todas basales, en roseta (Leontodon longirrostris) y del alcaucil (Cynara humilis), éste último aún presente sólo con las rosetas basales de hojas espinosas finamente divididas. Junto a un rodal de este tipo de cardo nos detenemos a observar varios ejemplares de una mata con tallos y ramas de aspecto lanuginoso, con hojas opuestas, sentadas (sin peciolo) y con flores agrupadas en verticilos. Se trata de la candilera (Phlomis lychnitis) una lamiácea (labiada) poco frecuente en la zona, que aún no ha abierto las primeras flores (amarillas), prima hermana de un arbusto omnipresente y muy abundante en estos parajes: el matagallo (P. purpurea), de la que llegamos a ver alguna flor ya abierta durante la salida. También hicimos hincapié en la abundancia de una bulbosa de hojas delgadas, de pequeño porte, la patita de burro (Gynandriris sisyrrhinchium), un tipo de lirio de flores de color azul que sólo florece por la tarde y que por tanto no pudimos contemplar en todo su esplendor.
Ophrys speculum
Antes de cruzar al otro lado de la cinta transportadora, en una zona muy pedregosa con varios acebuches comentamos la clara presión ganadera existente sobre árboles y arbustos, así como la actividad del tiro al plato que se practicaba en el Club Asland (todavía existían zonas con muchos restos de los platos empleados). En este caso todas las partes bajas de estos pies estaban intensamente ramoneadas. Precisamente se han seleccionado las especies menos palatables (dominan los matagallos, jaras y jaguarzos) mientras que las más apetecibles son ávidamente devoradas, de modo que no pueden regenerarse a partir del reclutamiento de nuevos plantones procedentes de la germinación de las semillas.
Orchis champagneuxi
Tras pasar la cinta transportadora observamos una encina (Quercus rotundifolia = Q. ilex subsp. ballota) cargada de flores, que se corresponden con unas inflorescencias colgantes llamadas amentos, en las que destaca la ausencia de pétalos y es notoria la presencia de los estambres (flores masculinas). 
Ophrys tenthredinifera
El olivar, muy degradado y con escasos pies, del otro lado de la cinta transportadora da paso a un encinar adehesado con matorral disperso dominado por la jara blanca o estepa (Cistus albidus) y el matagallo (Phlomis purpurea), salpicado por algunos pies de acebuche (Olea europea var. sylvestris) y de espino albar o majuelo (Crataegus monogyna), éste último en plena floración (se comenta que las flores son empleadas como la tila, en infusiones, por sus propiedades relajantes e hipotensoras). Es precisamente en los claros del matorral donde encontramos varios rodales del grupo estrella de la salida: las orquídeas (familia Orquidáceas). Esta hiperdiversa familia (a nivel mundial ostenta el récord de especies, unas 25.000 especies) llama la atención por sus flores, de anatomía y morfología realmente peculiar, así como por sus métodos de polinización. Sus flores, con marcada simetría bilateral, se caracterizan por la presencia del labelo, que se corresponde con el pétalo inferior (algunos autores hablan de tépalos, en vez de diferenciar los verticilos de los pétalos y los sépalos), profundamente modificado y de mayor tamaño que los restantes, así como por la fusión de los estambres (usualmente dos) con el pistilo (concretamente con el estilo y el estigma, constituyendo una estructura muy modificada denominada “columna”, “gimnostemo” o “ginostegio”. El polen está aglomerado constituyendo las denominadas “polinias”, unidas cada una de ellas por una parte filamentosa (“caudícula”) a unas estructuras basales viscosas (“viscidium” o “retináculo”), que reposan sobre el “rostelo” (estructura con forma de lóbulo alargado derivada del estigma). El “polinario” es el conjunto del polinio (“polinium”), caudícula y viscidium se corresponde con la unidad de transporte del polen durante la polinización.
... el paraiso de las orquídeas
Orchis italica
Orchis italica
En este paraje se ha registrado tradicionalmente la presencia de 8 especies de orquídeas pertenecientes a tres géneros (Ophrys, Orchis y Serapias). De ellas durante la excursión pudimos ver sólo seis, ya que la más rara y escasa de ellas, la denominada Orchis papilionacea, no pudo ser localizada (una semana antes durante una jornada fotográfica organizada por la UCO pudo ser localizado algún individuo), al igual que pasó con Ophrys fusca, observada una semana antes pero que ya tenía muy pasada la floración y en cualquier caso era relativamente escasa por allí. Sin duda la especie más frecuente y abundante en el territorio observado durante la salida era la flor del hombre desnudo (Orchis italica), con algunos pies albinos (hipocromáticos), pero ya francamente con su periodo óptimo de floración algo pasado. A continuación habría que incluir la flor de abeja amarilla (Ophrys lutea) y Orchis champagneuxii (= O. morio subsp. champagneuxii), seguidas de Ophrys tenthredinifera y O. speculum (Espejo de venus). Por último, el único representante del género Serapias, con la especie S. lingua, no muy abundante en la zona, y en la que pudimos comprobar variaciones de color de las flores muy notorias.
Serapias lingua
Al margen de las orquídeas, durante el camino de regreso, bajando hacia el arroyo, pudimos observar varias bulbosas más, como es el caso del ajo blanco o ajo porro (Allium neapolitanum) y la leche de gallina (Ornithogalum orthophyllum). En el sotobosque de las fresnedas del arroyo era muy abundante una umbelífera de gran porte, el apio caballar (Smyrnium olusatrum). También pudimos observar varias plantas leñosas en flor, como es el caso del jazmín silvestre, de flores amarillas (Jasminum fruticans) y la pervinca, alcandórea o jazmín de burro (Vinca difformis), con tallos rastreros, localmente abundante en las vaguadas. Entre las herbáceas observadas a la sombra de las encinas, creciendo en grietas de pequeñas rocas calizas o en los claros de los arbustos, también podemos citar las siguientes: altramuz (Lupinus angustifolius), amor del hortelano (Galium aparine), Sherardia arvensis, arveja amarilla (Vicia lutea), nueza negra (Tamus communis), alsine (Stellaria media), doradilla (Ceterach officinarum) y la bellorita, consuelda menor o margarita (Bellis sylvestris).


Rafael Tamajón Gómez, en Córdoba, 20 de Abril de 2014