Marzo 2014: Arroyo Pedroches

El objetivo de la tercera salida botánica programada para el invierno era observar las principales especies perennes típicas de los cauces y riberas de los cursos fluviales de la Vega del Guadalquivir y de la falda de la Sierra de Córdoba. Para ello se ha seleccionado el Arroyo Pedroche por su proximidad a la ciudad y por su gran diversidad de ambientes riparios. 

El inicio de la ruta, junto al monumento que simboliza
la restauración del arroyo, anteriormente entubado.
El recorrido comienza justo en el paso inferior del arroyo en la Avenida de Carlos III, en las inmediaciones del Barrio de Fátima (tramo recientemente encauzado y restaurado) y finaliza varios kilómetros aguas arriba a la altura de la cinta transportadora de la fábrica de cemento situada junto al polígono de Chinales (antigua fábrica de Asland).

En la primera parada del tramo urbano del arroyo pudimos observar la gran abundancia de la enea o espadaña (Typha domingensis) que cubre prácticamente todo el cauce, en compañía de la salicaria (Lythrum salicaria) y otros helófitos (plantas acuáticas con las raíces sumergidas, al menos temporalmente), como el carrizo (Phragmites australis). Las partes aéreas de estas plantas, secas (tanto las hojas como las inflorescencias), están dando paso a los nuevos tallos y hojas, que rebrotan de los rizomas (tallos subterráneos). La enea, de la que antaño se cortaban las hojas para fabricar tradicionalmente sillas, es aquí muy abundante ya que en este tramo el arroyo está bastante remansado y se acumulan muchos sedimentos finos, que son colonizados por las numerosas semillas que produce esta planta, que son dispersadas por el viento y por el agua. Como curiosidad pudimos observar un ejemplar de pájaro moscón (Remiz pendulinus) que estaba cogiendo semillas plumosas de una inflorescencia de enea (con la característica forma cilíndrica, de puro) para usarlas en la construcción de su nido.


Observando las plantas perennes
del arroyo, en el límite de la ciudad.
En las orillas del arroyo, sin estar ya sometidas al encharcamiento pero con un nivel freático elevado, mantenido por el caudal del cauce, destaca la presencia y abundancia de comunidades de freatófitos herbáceos perennes, dominadas por el junco churrero (Scirpus holoschoenus) y la menta de burro o mastranto (Mentha suaveolens), esta última empezando a echar nuevos brotes a partir de las yemas situadas a ras de suelo. En la orilla opuesta destacaba la presencia también de un rodal de una planta arbustiva higrófita (planta que requiere de humedad edáfica para su desarrollo): Dorycnium rectum. Ya en la periferia del arroyo, en la zona de transición con el talud del mismo, muchas veces entre las piedras de los tramos de escollera, durante el paseo se observa la reciente colonización de dos arbustos freatofíticos de hoja perenne, como es el caso de la adelfa (Nerium oleander) y la zarza (Rubus ulmifolius), fundamentalmente la primera. La adelfa destaca por sus hojas esclerófilas, alargadas, dispuestas en verticilos en número de tres. Esta característica de las hojas contrasta mucho con el carácter caducifolio de la mayoría de los freatófitos de los bosques y matorrales riparios. También es relevante el hecho de tratarse de una especie más o menos termófila, puesto que no resiste heladas muy fuertes ni persistentes (en la Península Ibérica se localiza en el litoral y por el interior penetra por los valles del Guadalquivir y del Guadiana).
Seguimos caminando y nos detenemos a observar varias especies de árboles y arbustos que encontramos salpicando las orillas y en el mismo cauce (en este caso asociadas a los espadañares): álamo blanco (Populus alba), sauces o mimbreras (Salix fragilis y S. purpurea) y fresno (Fraxinus angustifolia). Todos estos freatófitos tienen en común el hecho de ser especies caducifolias (aunque como puede comprobarse algunos individuos no han llegado a perder en el invierno todas las hojas) y poseer flores unisexuales agrupadas en amentos (son especies dioicas, diferenciándose por tanto pies masculinos y femeninos en función del tipo de flores que tienen). Son flores muy sencillas y de pequeño tamaño, sin pétalos ni sépalos, reducidas al pistilo en las hembras y a los estambres en los machos, que se abren normalmente antes de que aparezcan las hojas. Los álamos y fresnos (porte arbóreo) son de polinización anemógama (por el viento) mientras que los sauces (Salix fragilis de porte arbustivo o arbóreo, corteza de color claro, con hojas lanceoladas y de borde dentado, alternas; S. purpurea siempre arbustivo, con hojas estrechas y pequeñas, opuestas, con ramitas jóvenes de color púrpura), a pesar de tener amentos similares, son polinizados por insectos (polinización entomógama). Este hecho lo pudimos comprobar en una de las paradas junto a un gran rodal de sauces (Salix purpurea) con la observación de numerosas abejas atraídas por el olor de las flores y por el néctar contenido en las escamas nectaríferas de las mismas.
Oruga de Ocnogyna baetica,
una mariposa nocturna que
a inicios de primavera suele
ser bastante abundante.
Localmente conocida como
"pelua".
Antes de llegar a la sauceda arbustiva de S. purpurea antes comentada y situada al final del tramo del arroyo adyacente al barrio de Fátima, nos detuvimos a comentar la presencia de otros helófitos en varios tramos del arroyo. Por un lado observamos las hojas basales de algunos individuos de dos especies de la familia Apiáceas, la berraza (Apium nodiflorum) y el nabo del diablo (Oenanthe crocata), que crecen en zonas encharcadas de remansos no ocupados por eneas y carrizos, a veces también acompañados por los berros (Nasturtium officinale). Hay que tener cuidado en su consumo accidental por confusión con estos últimos debido a la toxicidad de las otras dos especies. Por otro lado, en algunos de los espadañales del cauce pudimos observar que era localmente abundante el lirio acuático (Iris pseudacorus), del que ahora sólo se pueden observar las hojas, ya que la floración tiene lugar más adelante. El helófito más escaso y localizado de todos es la caña común (Arundo donax), especie alóctona invasora introducida desde hace mucho tiempo en España, parecida al carrizo pero de mayor altura y de tallos más gruesos.
Además de los freatófitos caducifolios comentados hasta el momento durante la visita se pudieron observar dos especies más, ambas típicas de ramblas o cursos fluviales que alternan periodos de encharcamiento y de fuerte estiaje: el taraje (Tamarix gallica), de hojas escamiformes, y el sauzgatillo (Vitex agnus-castus) de hojas palmaticompuestas. Teniendo en cuenta el porte de los ejemplares observados, con la excepción de algún taraje que ha ido colonizando el cauce, se trata de arbustos que fueron plantados tras las obras de encauzamiento y restauración fluvial llevadas a cabo en este tramo del arroyo Pedroche. También pudimos observar la existencia de algunos pies de mayor tamaño de álamo blanco y fresno –y quizás también de algún sauce, Salix fragilis- que proceden igualmente de las citadas plantaciones. El resto de pies actualmente observados, de menor porte, proceden de la colonización de semillas.
Tras pasar por debajo de la vía del AVE nos acercamos hasta el puente romano situado sobre el arroyo y por el que discurre tanto el antiguo camino mozárabe a Santiago de Compostela como una de las vías pecuarias más importantes de España, la Cañada Real Soriana. Desde aquí se observaron los zarzales con adelfas y juncales de gran tamaño que pueblan las orillas, así como el arbolado que, procedente de varias plantaciones realizadas en los últimos 20-25 años, ocupan las orillas y taludes de este pequeño tramo, adyacente a las cocheras de los autobuses de la empresa de transporte urbano AUCORSA. Destaca la abundancia de álamos blancos con porte estrecho y alargado de origen claramente cultivado (se tratan de variedades de jardinería) y de olmos de Siberia (Ulmus pumila) y ya en las laderas adyacentes la presencia de algarrobos, tarajes y la existencia de pies de encina litoral (Quercus ilex subsp. ilex), almez (Celtis australis) y pino negro (Pinus nigra), todos ellos procedentes de plantación.
La compuesta Bellis sylvestris
La ruta continuó tras pasar al otro lado de la carretera de conexión con la Autovía de Andalucía y la carretera nacional N-432 (Granada-Badajoz), en las inmediaciones del Club Asland y de la cinta transportadora. En este tramo pudimos observar una pequeña olmeda en un arroyito afluente del Arroyo Pedroche así como unos zarzales con adelfa de enormes dimensiones (con una altura de 3-4 m). La gran presión ganadera no ha permitido la instalación de árboles y arbustos freatófitos al igual que ha pasado en el tramo donde se inició la ruta, de modo que sólo han persistido rodales de una especie tóxica (la adelfa) y de otra espinosa (la zarza, Rubus ulmifolius). Los acebuches que hay dispersos por la ladera están completamente ramoneados indicando dicha presión. En varias zonas de las laderas del arroyo se han llevado a cabo recientes reforestaciones con árboles y arbustos, con protección de los plantones con una malla para asegurar la viabilidad de las mismas. Junto al viaducto del canal del Guadalmellato encontramos un rodal de una especie de árbol alóctono de carácter muy invasor: el ailanto (Ailanthus altissima) y en el puente de la antigua carretera N-432 observamos varias higueras (Ficus carica) y un almez (Celtis australis) con hábitos rupícolas.
La umbelífera Smyrnium olusatrum
Para finalizar el recorrido hicimos una parada para observar un par de alineaciones de olmeda (Ulmus minor) de pequeñas dimensiones, que se han mantenido prácticamente iguales desde hace más de 20 años, sin crecer en extensión por el mismo problema antes comentado. En el sotobosque destaca la abundancia de zarza (Rubus ulmifolius) y algunos pies de majuelo o espino blanco (Crataegus monogyna) y entre las lianas las zarzaparrillas y en menor medida la hiedra (Hedera helix). Entre las especies herbáceas perennes típicas del sotobosque de olmedas, alamedas y fresnedas pudimos observar el aro (Arum italicum), el apio caballar (Smyrnium olusatrum), la celidonia menor (Ranunculus ficaria) y el acanto (Acanthus mollis), incluyendo también algún rodal de la herbácea perenne estolonífera Oxalis pes-caprae, invasora procedente de Sudáfrica.
Enseñando una madreselva
(Lonicera periclymenum)
En el borde del talud, junto a la olmeda, y también en algunas partes del talud rocoso de la otra orilla, pudimos observar también la presencia de varios individuos de un arbusto espinoso caducifolio endémico del suroeste de la Península Ibérica, el tamujo (Flueggea tinctorea). El aspecto más destacable es su peculiar localización, en los taludes con fuerte pendiente, en vez ocupar el propio cauce o el lecho de inundación, como es habitual en los ríos y arroyos de Sierra Morena con fuerte estiaje.
Rafael Tamajón Gómez (3-Marzo-2014).